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Lo que importa es TU experiencia

"Una espina de experiencia vale todo un desierto de advertencia". - James Russell Lowell

Y ahí estaba Alice... sintiéndose un poco perdida, preguntándose si lo estaba haciendo bien. Le inquietaba lo que los otros pudiesen pensar. Se cuestionaba el cómo hacía sentir a los demás y de qué manera podría ofrecer más de sí misma. Con su pareja también tenía una situación particular, quería vivir y ofrecerle nuevas experiencias que jamás había vivido, así que le atormentaba y angustiaba conocer sobre sus experiencias pasadas y el querer no repetirlas.


Alice se balanceaba entre vivir la vida que la llenaba de alegría y responder a lo que sus padres, la sociedad, las personas más cercanas, esperaban de ella.


Sin embargo, todo estaba en su mente. Su mente se había convertido en un lugar lleno de reglas, de parámetros, de requisitos y condicionamientos. Y esto hacía que su experiencia se llenara de inseguridades, de miedos, del sentirse caminando en una cuerda estrecha. De sentirse observada, algunas veces criticada, y otras felcitada. Su vida ya no estaba siendo dirigida por ella misma, sino por lo externo.


Así pasó gran parte de su vida. Privilegiando lo externo, sin ser capaz de escucharse, de observar de dónde provenían sus decisiones, lo que ejercía como profesión, el tipo de pareja que tenía, incluso la raíz de sus hábitos y su estilo de vida.


"La vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir". - Carl Jung




Así como Alice, me sentí en varias oportunidades. Sin ser capaz de escuchar la voz interior y detenerme a escuchar, y de sobretodo decirme: ¡Hey! lo que importa es mi experiencia.


Mucho se escucha y se repite sobre la importancia de vivir nuestras propias experiencias. Que de las experiencias es que se aprende. Que mucho nos podrán contar, pero hasta que no lo vivamos, no lo entenderemos.


Una de las cosas más bonitas que aprendí en teatro fue sobre la importancia de transitar el error. Era ahí, cuando estaba expuesta – y dispuesta – a equivocarme, que me sentía PRESENTE. Que me sentía incluso más viva que nunca. Y es que algo que el estado de presencia nos aporta, es el de responsabilizarnos. Si, responsabilizarnos de nuestras decisiones y acciones. E incluso, de nuestros pensamientos y emociones.


Responsabilizarse era lo que le faltaba a Alice para apropiarse de su experiencia, es decir, de su vida. Hacer una pausa e identificar qué es lo que realmente la llenaba de vida, de alegría. Cuál era la historia que quería escribir de su propia existencia. Cuál era el personaje que quería crear. Y sobretodo reconocer que esto podía modificarlo cuantas veces quisiera.


Muchas veces no nos atrevemos a vivir aquello que deseamos porque no nos sentimos capaces de ello. Otras porque sentimos algún tipo de lealtad ya sea a nuestra familia, alguien en particular, o la sociedad. Y la mayor parte de las veces, porque tememos a equivocarnos, o lo que realmente es, a ratificar nuestra propia percepción sobre el error.


Se dice que las fallas, o los errores, son en realidad el resultado de la falla de consciencia, de no estar presentes en nuestra propia vivencia. De acuerdo a la definición de error, errar es decidir o realizar una acción equivocada, desacertada. Pero, ¿con respecto a qué? Reconozcamos que no existe un parámetro o una línea de referencia para la vida. Así que cualquier cosa que decidamos, o accionemos, no tiene que satisfacer ningún estandar en particular.


No existe tal cosa como una equivocación o error, ya que no existe la perfección en el Universo, por lo tanto tampoco estamos hechos para ser perfectos y tomar decisiones acertadas. Aquello que conocemos como error, ha sido un invento para separarnos y distanciarnos de nuestra propia experiencia, del desanimarnos a vivir la vivencia a través del transitar el error.


Lo que definimos como falla de consciencia, es cuando accionamos desde el inconsciente. Desde aquello que está oculto, escondido, que ni siquiera sabemos que existe. Son esos patrones aprendidos y almacenados en la memoria que nos hacen tener perspectivas que nos alejan de nuestra propia escencia, de lo que para nosotros es verdad, es decir, lo que ha sido integrado. Y para ser integrado, primero necesita ser identificado, reconocido, dado su lugar.


Reconocer esto nos permite experimentar sin el miedo o el cuestionamiento de Alice. Porque a fin de cuentas, estar en la mente cuestionándose es dejar de estar presentes en la realidad.


Experimentar es intentar, ensayar. Es de ahí que aprendemos, que logramos integrar, transitar el error y remontar el subconsciente.


Si no intentamos conscientemente, seguiremos recreando el circulo vicioso al que volvemos una y otra vez, donde las heridas no han sido sanadas, o mejor dicho, donde los filtros perceptores no han sido modificados o limpiados.



"La vida te dará la experiencia que sea más útil para la evolución de tu conciencia. ¿Cómo sabes que esta es la experiencia que necesitas? Porque esta es la experiencia que estás teniendo en este momento". - Eckhart Tolle

Al reconocer que lo que importa es tu experiencia, es traer el enfoque al sentimiento, a lo que se presenta – presente – observarlo y aceptarlo tal como es, sin juzgar, sin analizar, sin interpretar. Y empezar a jugar con los personajes o aquello que queremos vivir. ¿Cómo respondo ante esto que se me presenta de una manera diferente, o simplemente de una manera más presente, más impregnada de mi esencia, de mi existencia?


Cuando digo, la experiencia es tuya, o tu experiencia es lo que importa, es desplazar el foco de lo exterior hacia lo interior. Es simplemente apropiarse de la vida. Es responsabilizarse de lo que se quiere experimentar, a través de los sentidos, a través de las emociones, de la calidad de vida que se quiere vivir. Es recuperar las riendas y dejar de sentirse caminando en una cuerda floja y estrecha. Es limpiar la mente de todas las reglas, condicionamientos y juicios.


Esta frase adquirió tanta fuerza en mí, que cada vez que me observo en una situación en la que le doy más importancia a lo que está en mi mente, a lo externo, a lo que otros pueden pensar o decir, al cómo soy percibida (que ésto no viene más que de mi interior y mis propios prejuicios) es recuperar mi fuerza interna.


Es ponerme un lienzo en blanco o una hoja en blanca, para diseñar mi vivencia, para escribir el guión de mi vida. Independientemente de lo que esté en mi presente. Es reconocer mi autoridad sobre mi propia vida, y decidir hacerlo desde el goce, el disfrute, desde la apertura. A fin de cuentas, esto que vinimos a experimentar en el plano humano, es simplemente como un juego… el juego de la vida.


Así que, ¡a disfrutarlo! y recordar que ¡lo que importa es TU - propia - experiencia!


Con cariño,

Karla

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